ESPECIAL EXPOMINA PERÚ 2026: Rubén Arratia destaca el impacto geopolítico en el precio de la energía.

El Presidente del Foro Geopolítica y Economía Global, afirma que “El precio de la energía, casi por definición, tiene un componente geopolítico».

La energía, los metales críticos y la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China están redefiniendo el mapa de la minería a nivel mundial. En este contexto, Rubén Arratia, Director de Investigación en Metales Base y Preciosos,Wood Mackenzie, resalta la importancia de los minerales, por qué el petróleo sigue siendo un factor clave en la actualidad y la relevancia de este encuentro para analizar cómo un mayor uso del gas en nuestro país puede contribuir a reducir su dependencia del crudo.

Es la primera vez que EXPOMINA Perú realiza el Foro Geopolítica y Economía Global. ¿Qué se busca lograr con este espacio?

Lo que hace competitivos, a nivel internacional, a los sectores económicos de un país, incluido el minero, son principalmente el costo de la mano de obra y el de la energía. Y el precio de la energía (léase petróleo/gas) casi por definición tiene un componente geopolítico. En este sentido, cada país busca reducir los riesgos geopolíticos del petróleo/gas u otros energéticos. 

Por esta razón, los países buscan contar con una matriz energética que les dé costos de energía barata. El Perú depende fundamentalmente de tres fuentes de energía para producir electricidad: la hidráulica, la del gas y la del petróleo. A la fecha, este último es el que determina el costo marginal de la electricidad, y esto hace vulnerables a las economías cuando hay una guerra como la que se viene dando en el Medio Oriente y que hace que los commodities energéticos no fluyan a los mercados de manera normal. 

Por esta razón, para este evento estamos invitando a expertos de Wood Mackenzie que nos ayudarán a tener una mirada contextual y estratégica sobre el futuro del petróleo y cómo el gas podría ser la fuente de competitividad de la energía en el Perú y de qué manera este commodity podría ayudarnos a reducir la dependencia del crudo que importamos. También hablaremos de cómo la geopolítica está creando oportunidades y nuevos riesgos en el sector minero.

Regresando a la energía, y como observamos en la guerra de Estados Unidos-Israel-Irán, el petróleo ha vuelto a ser un “arma geopolítica” que está impactando los precios del crudo y otros derivados y, en consecuencia, los países mineros como el Perú y Chile deberían depender lo menos posible de dicho recurso importado para reducir sus vulnerabilidades competitivas.

Chile ha avanzado muy bien en el desarrollo de su energía renovable, solar y eólica. En el caso del Perú, se podría incrementar el uso de gas para no depender tanto del petróleo.

En este sentido, traer expertos internacionales a EXPOMINA PERÚ en temas de petróleo, gas y minería marca una gran diferencia con respecto a otros foros, incluido Perumin. Es una mirada integrada minería energía porque ambos se retroalimentan bastante. Otra diferencia es que estamos invitando a un macroeconomista de Escocia, experto en economía global, que nos puede orientar sobre las tendencias estructurales que definirán el mediano y largo plazo de la economía mundial y regional. Esto es aún más importante dado que la guerra del Medio Oriente podría generar cambios estructurales permanentes.

¿Por qué los metales se han vuelto críticos en el siglo XXI?

En la carrera por la supremacía de las grandes potencias, la variable más importante siempre ha sido y seguirá siendo la tecnología. Quien gana la batalla tecnológica gana la guerra económica y la guerra militar. Sin embargo, es evidente que sin metales refinados y sin metales críticos no hay tecnología que valga. Por ello, cobra especial relevancia geopolítica la minería, así como la industria de fundiciones y refinerías, junto con toda su cadena de suministros.

A fines del siglo XX y principios del siglo XXI, el mundo existía bajo el concepto de la globalización. ¿Por qué ahora las grandes potencias como Estados Unidos y China viven una batalla geopolítica?

Hasta mediados de la década pasada, el mundo, incluido Estados Unidos, vivía la época dorada de la hiperglobalización. La toma de decisiones para adquirir bienes y servicios se basaba en un análisis de costo-beneficio: países y empresas buscaban obtener productos desde cualquier parte del planeta, siempre que fueran los más baratos del mercado internacional. 

En este contexto, Estados Unidos inició un proceso de desindustrialización, ya que podía abastecerse de bienes producidos en otros países, especialmente en China, que se consolidó como la fábrica del mundo. En ese momento, no resultaba determinante

si esos productos se elaboraban sin estándares ambientales. Era una etapa de unipolaridad, en la que Estados Unidos era la única potencia vigente tras el colapso de la ex Unión Soviética a inicios de la década de 1990.

La batalla geopolítica comenzó cuando la nación norteamericana advirtió, a mediados de la década pasada, que China había dejado de ser una economía más y se encaminaba a convertirse en una potencia mundial. Este cambio generó una reacción de cautela en Estados Unidos, agravada por el hecho de que dependía en gran medida de la importación de metales refinados críticos provenientes del gigante asiático.

Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, más del 50% de entre 19 y 21 metales refinados que utilizaba el país eran importados desde China, que, como parte de una estrategia de largo plazo, se posicionó como el principal transformador mundial de productos intermedios en metales refinados.