ESPECIAL EXPOMINA PERÚ 2026: Suamy Pérez advierte que el país debe prepararse para una creciente demanda energética en la próxima década.

La transición energética, el crecimiento de la demanda de minerales críticos y el avance de nuevas tecnologías están redefiniendo el rol de países como el Perú. En ese contexto, la Consultora Nacional de Energía, Banco Interamericano de Desarrollo, Suamy Pérez, expone los principales desafíos y oportunidades para consolidar al país como un actor clave en este nuevo escenario global.

¿Qué rol estratégico desempeña el Perú en el contexto de la transición energética global?

El Perú es un país ampliamente rico en recursos naturales, estratégico para el desarrollo industrial en general y, con especial énfasis, para la transición energética. Este potencial responde a diversos factores clave. Por siglos, gran parte de la economía peruana se ha basado en un modelo primario-exportador, donde la abundancia de recursos (minerales, textiles y alimentos) ha sustentado su apertura comercial al mundo. En el escenario actual de transición energética, el país se posiciona como un nodo estratégico, tanto comercial como geopolítico, debido a la presencia de minerales críticos y tierras raras en su territorio. Recursos como el cobre, el estaño y el litio constituyen hoy el primer eslabón de la cadena de valor de la transición energética.

Por otro lado, el Perú cuenta con ventajas geográficas significativas. Su ubicación le permite disponer de uno de los potenciales de energías renovables más prometedores del mundo. Si bien es conocido el alto nivel de irradiancia solar en el sur del país, favorable para la generación fotovoltaica, también destaca su potencial en energía geotérmica, considerado entre los más relevantes a nivel global. Asimismo, la calidad de los vientos en la costa del Pacífico abre oportunidades para el desarrollo de energía eólica offshore.

En ese contexto, la actual relación de interdependencia global, sumada a la riqueza natural y geográfica del Perú, debe ser aprovechada desde una perspectiva geoeconómica. Esto implica generar mayores beneficios para el país a través de acuerdos comerciales con las principales potencias, buscando mejores rentas, mayor industrialización local y un impulso decidido a la investigación e innovación.

Otro aspecto fundamental es el capital humano del Perú. Si bien debemos sentirnos orgullosos de nuestros recursos, también es clave promover la participación de la juventud y los trabajadores en la innovación y la investigación.

¿Cómo se proyecta la demanda de cobre hacia el 2035 y qué oportunidades representa para el país?

Energía y minería van de la mano. En la actualidad, la transición energética se está integrando en los gobiernos como política de Estado y en las industrias como parte de su ADN corporativo. En ese sentido, y de acuerdo con los planes de descarbonización públicos y privados, la adopción de energías renovables se incrementará y acelerará entre 2030 y 2050, considerando que muchas instituciones buscan alcanzar la carbono Neutralidad hacia el 2050. Además, el desarrollo de tecnologías de energías renovables vendrá acompañado de una fuerte demanda de minerales críticos, al ser el punto de partida de la cadena de valor de la transición energética.

Por otro lado, deben considerarse nuevos escenarios económicos que están emergiendo de forma acelerada, como el crecimiento de la inteligencia artificial y la digitalización. Estos procesos incrementarán la demanda energética global, la cual requiere que sea sostenible.

 ¿Qué condiciones debe consolidar el Perú para responder de manera competitiva a ese crecimiento de la demanda?

Se requieren tres puntos básicos: planificación, regulación y mirada geoeconómica. Si bien el sector minero y energético del Perú está sostenido mayoritariamente por la inversión privada, se necesita apoyo estatal. En primer lugar, es necesario contar con una planificación energética de mediano y largo plazo.  A través del Ministerio de Energía y Minas debería impulsarse la creación de un organismo independiente y técnico encargado de modelar la oferta energética en función de los patrones de demanda doméstica e industrial del país. Asimismo, se deben considerar variables que podrían afectar el suministro energético nacional, como los efectos del cambio climático, la progresiva reducción del volumen hídrico, los conflictos geopolíticos, las tecnologías emergentes y la fluctuación de los precios de los hidrocarburos, entre otros. Esto permitiría anticipar una oferta energética diversificada y sostenible.

La trazabilidad de la producción es una herramienta útil y una carta de presentación para los mercados globales. En segundo lugar, el Perú debe avanzar hacia regulaciones que promuevan la diversificación y la seguridad energética. Actualmente, la transición energética se viene materializando principalmente en la generación solar y eólica; sin embargo, aún no se aprovechan plenamente otros recursos energéticos abundantes en el país, como la geotermia, la eólica offshore o la energía mareomotriz. Así también, la electromovilidad muestra un avance limitado. En ese sentido, el país debe prepararse para una demanda energética creciente en la próxima década, respondiendo de manera integral a través del desarrollo de todas sus fuentes disponibles. Por último, se requiere una mirada global y geoeconómica que permita al Perú reconocerse no solo como un país primario-exportador, sino como uno de los principales impulsores de la transición energética a nivel mundial. Esto fortalecerá su capacidad de negociación con otras potencias y le permitirá obtener mayores beneficios en el escenario internacional.